
¿Qué entendemos por rumiación cognitiva?
La rumiación cognitiva se define clásicamente como un estilo de respuesta ante el malestar emocional que consiste en pensar de forma repetitiva y pasiva sobre las causas, el significado y las consecuencias de la tristeza y otros estados negativos. No es simplemente «pensar mucho»: es un patrón perseverativo que mantiene y amplifica el malestar. La Response Styles Theory (RST) de Nolen-Hoeksema fue clave en la conceptualización inicial y distingue la rumiación de estrategias más activas (por ejemplo, resolución de problemas, distracción).
Autores posteriores han ampliado el constructo hacia el concepto transdiagnóstico de repetitive negative thinking (RNT), que abarca tanto la rumiación (orientada al pasado) como la preocupación (orientada al futuro); ambos comparten procesos formales (repetición, dificultad para romper el ciclo) y consecuencias psicológicas similares.
Mecanismos psicológicos: por qué se mantiene
Los estudios teóricos y experimentales indican varios mecanismos que sustentan la rumiación:
- Procesamiento abstracto vs. concreto. Pensar de forma demasiado abstracta (por ejemplo: “¿por qué siempre me pasa esto?”) favorece la permanencia de la rumiación; en cambio, un procesamiento más concreto y orientado a acciones reduce la reactivación afectiva y facilita la solución.
- Déficits de control atencional y cognitivo. Dificultades en el control inhibitorio o en la flexibilidad cognitiva dificultan abandonar pensamientos intrusivos y pasar a acciones adaptativas.
- Refuerzo cognitivo y creencias metacognitivas. Algunas personas mantienen la rumiación por creencias (p. ej., “rumiar me ayuda a comprender”) que la convierten en un hábito difícil de romper.
Sustrato neurobiológico
La neuroimagen ha asociado la rumiación con alteraciones en la red por defecto (default mode network, DMN) y su interacción con regiones límbicas/afectivas (p. ej., subgenual PFC). Estudios meta-analíticos muestran patrones consistentes de conectividad anómala entre nodos del DMN y áreas relacionadas con el procesamiento afectivo en personas con depresión y altas puntuaciones en rumiación. No obstante, los efectos son heterogéneos entre muestras y, en muchos casos, modestos en magnitud. Estas constataciones apoyan la idea de que la rumiación tiene una base neural reproducible, aunque compleja y parcialmente dependiente del subtipo clínico.
Impacto clínico: por qué importa
La evidencia epidemiológica y experimental indica que la rumiación:
- Predice la aparición de episodios depresivos y agrava su curso.
- Mantiene y amplifica la sintomatología ansiosa y depresiva, interfiriendo con la resolución de problemas y la conducta instrumental.
- Actúa como factor transdiagnóstico que explica (en parte) comorbilidad entre trastornos del estado de ánimo y ansiedad.
Cómo detener la rumiación: estrategias prácticas basadas en la evidencia
Estrategias que las personas pueden aplicar por sí mismas para reducir la rumiación y mejorar su bienestar mental:
1. Cambiar del “por qué” al “cómo”
Cuando notes que estás pensando repetidamente en las causas de un problema (“¿por qué soy así?”), intenta reformular la pregunta en términos de acción:
Sustituye “¿por qué?” por “¿cómo puedo afrontarlo ahora?”
Este cambio hacia un pensamiento concreto y orientado al presente interrumpe el ciclo rumiativo.
2. Programar “tiempos de preocupación”
Limitar la rumiación puede lograrse estableciendo un momento del día (por ejemplo, 15 minutos) para pensar deliberadamente en los problemas.
Fuera de ese periodo, si surgen pensamientos rumiativos, anótalos para revisarlos en tu “tiempo de preocupación”. Este método ayuda a contener el pensamiento repetitivo y recuperar control cognitivo.
3. Practicar mindfulness
El mindfulness o atención plena consiste en observar los pensamientos sin juzgarlos ni tratar de cambiarlos.
La evidencia muestra que su práctica regular (5–10 minutos diarios) reduce la rumiación y la reactividad emocional, al fortalecer la capacidad de observar los pensamientos como eventos pasajeros y no como hechos.
4. Enfocar la atención en el presente mediante los sentidos
Cuando notes que tu mente se va a pensamientos repetitivos, dirige la atención a lo sensorial: observa colores, sonidos, texturas o tu respiración.
Este ejercicio sencillo, basado en la técnica de grounding, interrumpe la cadena de pensamientos automáticos y favorece la regulación emocional.
5. Activación conductual
La inactividad prolongada alimenta la rumiación. Realizar actividades sencillas (salir a caminar, escuchar música, cocinar, ordenar) resta tiempo mental a los pensamientos repetitivos y mejora el estado de ánimo.
No es necesario sentir motivación para empezar: la acción precede al bienestar.
6. Cuestionar la utilidad de rumiar
Pregúntate:
“¿Este pensamiento me está ayudando a resolver algo o solo me hace sentir peor?”
Reconocer que la rumiación no conduce a soluciones ayuda a disminuir su valor percibido y facilita dejarla ir.
7. Cuándo acudir a terapia
Si los pensamientos repetitivos son persistentes, interfieren con el sueño, las relaciones o la vida cotidiana, o si se acompañan de tristeza profunda o desesperanza, buscar ayuda profesional es una decisión recomendable.
Conclusión
Pensar demasiado no equivale a pensar mejor. La rumiación cognitiva es un proceso circular que aumenta la tristeza y reduce la claridad mental. Comprender su naturaleza y aplicar estrategias simples —como redirigir la atención, practicar mindfulness, pensar en términos concretos y mantener una vida activa— permite romper el ciclo rumiativo y recuperar el equilibrio psicológico.
Y cuando estas herramientas no son suficientes, buscar apoyo terapéutico profesional constituye un paso fundamental hacia la recuperación y el fortalecimiento emocional.
Referencias Bibliográficas
- Hamilton, J. P., Farmer, M., Fogelman, P., & Gotlib, I. H. (2015). Depressive rumination, the default-mode network, and the dark matter of clinical neuroscience. Biological Psychiatry, 78(4), 224–230. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2015.02.020
- Li, Y., et al. (2024). A systematic review of the effects of rumination-focused cognitive-behavioural therapy. Frontiers in Psychology. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1447207
- Nolen-Hoeksema, S., Wisco, B. E., & Lyubomirsky, S. (2008). Rethinking rumination. Perspectives on Psychological Science, 3(5), 400–424. https://doi.org/10.1111/j.1745-6924.2008.00088.x
- Perestelo-Pérez, L., Barraca, J., Peñate, W., Rivero-Santana, A., & Álvarez-Pérez, Y. (2017). Mindfulness-based interventions for the treatment of depressive rumination: Systematic review and meta-analysis. International Journal of Clinical and Health Psychology, 17(3), 282–295. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2017.07.004
- Smith, J. M., & Alloy, L. B. (2009). A roadmap to rumination: A review of the definition, assessment, and conceptualization of this multifaceted construct. Clinical Psychology Review, 29(2), 116–128. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2008.10.003
- Tozzi, L., Zhang, X., Chesnut, M., Holt-Gosselin, B., Ramirez, C. A., & Williams, L. M. (2021). Reduced functional connectivity of default mode network subsystems in depression: Meta-analytic evidence and relationship with trait rumination. NeuroImage: Clinical, 34, 102570. https://doi.org/10.1016/j.nicl.2021.102570
- Watkins, E. R. (2015). Psychological treatment of depressive rumination. Current Opinion in Psychology, 4, 32–36. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2015.01.020
- Watkins, E. R., Mullan, E., Wingrove, J., Rimes, K., Steiner, H., Bathurst, N., Eastman, R., & Scott, J. (2011). Rumination-focused cognitive-behavioural therapy for residual depression: Phase II randomised controlled trial. The British Journal of Psychiatry, 199, 317–322. https://doi.org/10.1192/bjp.bp.110.090282
- Zhou, H.-X., Chen, X., Shen, Y.-Q., Li, L., Chen, N.-X., Zhu, Z.-C., Castellanos, F. X., & Yan, C.-G. (2020). Rumination and the default mode network: Meta-analysis of brain imaging studies and implications for depression. NeuroImage, 206, 116287. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2019.116287
