Neuroimágenes: el estudio del cerebro humano

Introducción

El conocimiento del cerebro humano se ha construido sobre una base de observaciones anatómicas, experimentales y tecnológicas que han evolucionado a lo largo de más de un siglo. Las primeras exploraciones de la estructura cerebral dependían de estudios post mortem o de procedimientos invasivos que ofrecían información limitada. Con el desarrollo de la radiología y posteriormente de la resonancia magnética y la neuroimagen funcional, se abrió la posibilidad de observar la anatomía y la actividad cerebral en sujetos vivos, de manera cada vez más precisa y no invasiva.

Técnicas antiguas de neuroimagen

Radiografía del cráneo y ventriculografía

Tras el descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Conrad Roentgen en 1895, las radiografías craneales se convirtieron en una herramienta inicial para la detección de fracturas, cuerpos extraños y calcificaciones intracraneales. Sin embargo, su capacidad para visualizar tejidos blandos era muy limitada.

En 1918, Walter Dandy introdujo la ventriculografía, técnica que consistía en la inyección de aire en los ventrículos cerebrales para generar contraste radiográfico. Poco después, la pneumoencefalografía (1919) amplió este principio reemplazando parte del líquido cefalorraquídeo por aire mediante punción lumbar, permitiendo visualizar los ventrículos y cisternas cerebrales. A pesar de su utilidad diagnóstica inicial, estos procedimientos eran dolorosos, riesgosos y de interpretación compleja, por lo que fueron reemplazados en las décadas siguientes por métodos más seguros y eficaces.

Angiografía cerebral

Desarrollada por Egas Moniz en 1927, la angiografía cerebral representó un gran avance al permitir la visualización de los vasos sanguíneos cerebrales mediante la inyección de medios de contraste radiopacos y rayos X. Este método hizo posible detectar aneurismas, malformaciones arteriovenosas y desplazamientos vasculares producidos por tumores o lesiones expansivas.

Con la llegada de la tomografía computarizada (CT) y posteriormente de la resonancia magnética (MRI), la angiografía tradicional fue sustituida progresivamente por modalidades menos invasivas como la angiografía por sustracción digital (DSA) y la angiografía por resonancia magnética (MRA).

Electroencefalografía (EEG)

La EEG, desarrollada por Hans Berger en 1929, es la técnica más antigua que permite registrar la actividad eléctrica cerebral de manera directa. Detecta los potenciales eléctricos generados por la actividad sincrónica de poblaciones neuronales corticales a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo.

Su alta resolución temporal (del orden de milisegundos) la convierte en una herramienta esencial para estudiar la dinámica neuronal, la percepción, la atención y los procesos cognitivos rápidos, aunque su resolución espacial es limitada.

Transición a las técnicas modernas

Tomografía computarizada (CT)

La introducción de la tomografía computarizada en 1971 por Godfrey Hounsfield y Allan Cormack marcó el inicio de la neuroimagen moderna. Mediante el uso de rayos X y reconstrucción computarizada de cortes axiales, la CT permitió observar el cerebro con un detalle sin precedentes y de forma no invasiva. Su rapidez de adquisición la convirtió en la técnica de elección para la detección de hemorragias, traumatismos craneales y lesiones agudas. Aunque ofrece menor contraste en tejidos blandos que la MRI, su valor diagnóstico y accesibilidad la mantienen vigente.

Imagen por Resonancia Magnética (MRI)

La MRI supuso una revolución en la visualización cerebral al eliminar la necesidad de radiación ionizante y proporcionar una resolución espacial superior. Basada en los principios de la resonancia magnética nuclear, la técnica mide la respuesta de los núcleos de hidrógeno sometidos a un campo magnético intenso y a pulsos de radiofrecuencia.

La MRI permite diferenciar con gran claridad la sustancia gris, sustancia blanca y el líquido cefalorraquídeo, lo que ha mejorado el diagnóstico de tumores, esclerosis múltiple, malformaciones y lesiones isquémicas. Además, sus variantes han ampliado enormemente las posibilidades de exploración:

  • Resonancia magnética funcional (fMRI): mide los cambios hemodinámicos asociados a la actividad neuronal mediante el efecto BOLD (Blood Oxygen Level–Dependent), permitiendo el estudio de funciones cognitivas y redes cerebrales.
  • Difusión (DWI, DTI, dMRI): evalúa la microestructura y conectividad de la sustancia blanca, facilitando la reconstrucción de tractos neuronales y el estudio de la conectómica.
  • Espectroscopía (MRS): analiza metabolitos cerebrales como N-acetilaspartato o colina, aportando información bioquímica no invasiva.

Las innovaciones recientes incluyen la MRI de alto campo (7T y superior), la MRI cuantitativa y las adquisiciones aceleradas por inteligencia artificial, que permiten mayor resolución, menor ruido y tiempos de exploración reducidos.

Tomografía por Emisión de Positrones (PET)

La PET es una técnica de neuroimagen funcional que utiliza radionúclidos emisores de positrones incorporados a moléculas biológicamente activas (trazadores). Al detectar los fotones gamma resultantes de la aniquilación de positrones, PET permite mapear procesos metabólicos, receptores neuroquímicos y actividad sináptica.

El trazador más común, [¹⁸F]-fluorodesoxiglucosa (FDG), refleja el consumo de glucosa cerebral, un marcador indirecto de la actividad neuronal. Otros radioligandos permiten estudiar la densidad de receptores dopaminérgicos, el metabolismo de neurotransmisores y la acumulación de proteínas patológicas como β-amiloide o tau.

Los avances más recientes incluyen los sistemas PET-MRI híbridos, que integran simultáneamente información anatómica y funcional, y la PET total-body, capaz de registrar todo el organismo con alta sensibilidad. A pesar de su elevado costo y la necesidad de radiofármacos de vida corta, PET sigue siendo una de las técnicas más potentes para la exploración funcional y molecular del cerebro.

Tomografía Computarizada por Emisión de Fotón Único (SPECT)

La SPECT comparte principios similares a la PET, pero utiliza radionúclidos emisores de fotones gamma detectados por cámaras rotatorias. Aunque su resolución espacial es inferior, presenta ventajas como menor coste, mayor disponibilidad y trazadores de vida media más larga.

En neurología e investigación cerebral, SPECT permite evaluar el flujo sanguíneo cerebral regional (rCBF) y la función dopaminérgica mediante radiotrazadores como [¹²³I]-FP-CIT (DaTSCAN). Los sistemas híbridos SPECT-CT mejoran la localización anatómica y la corrección de atenuación, incrementando la precisión diagnóstica. Su versatilidad la mantiene como una herramienta útil tanto en investigación como en la práctica clínica.

Electroencefalografía (EEG) actual

La EEG moderna ha mejorado significativamente gracias a:

  • EEG de alta densidad (hasta 256 canales).
  • EEG inalámbrica y portátil para estudios ambulatorios.
  • Integración multimodal EEG-fMRI, que permite correlacionar señales eléctricas con respuestas hemodinámicas cerebrales.

Además, las técnicas de análisis avanzado, como la conectividad funcional y la descomposición en componentes independientes (ICA), han convertido a la EEG en una herramienta clave para comprender las redes cerebrales dinámicas.

Magnetoencefalografía (MEG)

La MEG mide los campos magnéticos producidos por la actividad neuronal, ofreciendo una alternativa complementaria a la EEG. Utiliza sensores superconductores denominados SQUID (Superconducting Quantum Interference Devices), capaces de detectar campos extremadamente débiles con precisión milimétrica.

MEG combina una resolución temporal excelente con una localización espacial superior a la de la EEG, lo que la hace ideal para estudiar la sincronización neuronal, el procesamiento del lenguaje, la percepción sensorial y la integración multisensorial.

Los desarrollos recientes incluyen los magnetómetros ópticos (Optically Pumped Magnetometers, OPM-MEG), que eliminan la necesidad de helio líquido y permiten sistemas portátiles, adaptables y más accesibles. La integración de MEG con MRI estructural proporciona modelos tridimensionales precisos del origen de la actividad cerebral, consolidándola como una de las técnicas más avanzadas en neuroimagen funcional no invasiva.

Conclusión

Desde las radiografías craneales y la pneumoencefalografía hasta la resonancia magnética funcional y la magnetoencefalografía portátil, la evolución de la neuroimagen refleja el progreso tecnológico y científico en la exploración del cerebro humano. Las técnicas actuales no solo permiten observar su anatomía con gran detalle, sino también descifrar su dinámica funcional y molecular, abriendo nuevas perspectivas para la comprensión de la mente y sus trastornos.

Referencias Bibliográficas

  • Khalil, M. M., Tremblay, M., & Aubert-Broche, B. (2023). PET imaging in neurodegeneration: Principles, tracers, and applications. Frontiers in Neuroscience, 17, 1124951. https://doi.org/10.3389/fnins.2023.1124951

Publicado por Joan Francés Tortosa

Psicólogo General Sanitario y Neuropsicólogo

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