¿Por qué cuidar tu salud mental y cómo mantenerla?

La salud mental es mucho más que la ausencia de un trastorno: es el bienestar emocional, psicológico y social que nos permite afrontar el estrés, aprender, trabajar y relacionarnos de forma satisfactoria. Cuidarla es tan importante como cuidar la salud física: influye en la productividad, las relaciones y la calidad de vida.

¿Por qué es importante cuidarla?

1. Alta prevalencia e impacto funcional. Una parte considerable de la población experimentará problemas de salud mental a lo largo de la vida (ansiedad, depresión, insomnio, etc.), y estos problemas generan discapacidad, reducción de la calidad de vida y costes sociales y económicos. Por eso, proteger y promover la salud mental tiene beneficios individuales y colectivos.

2. La intervención temprana y la terapia funcionan. La evidencia disponible muestra que intervenciones psicológicas basadas en la evidencia (p. ej., terapias cognitivo-conductuales, terapias de tercera generación en ciertos casos, tratamientos específicos para trastornos de la personalidad) producen mejoras superiores a la no intervención y pueden prevenir complicaciones y recaídas cuando se aplican adecuadamente.

3. La estrategia de los sistemas de salud apuesta por ello. Políticas y estrategias nacionales (por ejemplo, la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud en España 2022–2026) priorizan la integración de la salud mental en la atención primaria, la promoción, la prevención y el acceso a tratamientos basados en evidencia. Esto refuerza que el cuidado de la salud mental es una prioridad de salud pública.

Cómo mantener tu salud mental: hábitos y estrategias con respaldo

A continuación presento medidas prácticas, sencillas y con soporte en la literatura y guías de salud pública. No sustituyen la terapia cuando esta es necesaria, pero son herramientas útiles tanto para prevención como para acompañar un tratamiento.

1. Sueño regular y suficiente

Dormir bien es clave para la regulación emocional, la memoria y la capacidad de resolución de problemas. Intentar una rutina de sueño (hora fija para acostarse/levantarse, evitar pantallas antes de dormir, reducir cafeína por la tarde) mejora el bienestar general y reduce la vulnerabilidad al estrés.

2. Actividad física regular

El ejercicio tiene efectos consistentes sobre el estado de ánimo y el estrés: reduce síntomas de ansiedad y depresión leves-moderados y mejora la calidad del sueño. No es necesario entrenar de forma extrema: caminatas, ejercicio moderado varias veces por semana o actividades que te gusten son efectivas.

3. Alimentación y hábitos físicos

Una dieta equilibrada, hidratación adecuada y limitar alcohol y tabaco contribuyen a un mejor estado de ánimo y energía. La conexión entre salud física y mental está bien documentada; cuidar una apoya a la otra.

4. Redes sociales y apoyo emocional

Mantener relaciones cercanas, pedir ayuda cuando se necesita y participar en actividades sociales protege frente al aislamiento, que es un factor de riesgo para problemas emocionales. Compartir preocupaciones con personas de confianza o profesionales reduce la carga emocional.

5. Habilidades de regulación emocional y manejo del estrés

Técnicas como la respiración consciente, la planificación de problemas, la resolución de problemas y prácticas de mindfulness o relajación son herramientas con evidencia que ayudan a manejar la ansiedad y el estrés cotidiano. Pueden integrarse en la vida diaria y enseñarse en programas comunitarios o en terapia.

6. Actividades con propósito y rutinas

Mantener proyectos personales, rutinas y actividades que dan sentido (trabajo creativo, voluntariado, hobbies) favorece la motivación y la autoestima, protegiendo frente a la inercia y la anhedonia (pérdida de interés).

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Pedir ayuda a un profesional (psicólogo/a clínico/a, psiquiatra o equipo de salud mental) es recomendable si:

  • Los síntomas interfieren en tu vida diaria (trabajo, estudios, relaciones).
  • Persisten por semanas o meses o aumentan en intensidad.
  • Evitas actividades que antes disfrutabas o notas cambios claros en apetito, sueño o energía.
  • Aparecen pensamientos de autolesión o ideación suicida (buscar ayuda urgente).

¿Qué puedes esperar de la terapia?

Un/a buen/a terapeuta:

  • Evalúa tu problema y explica qué enfoque propone y por qué (objetivos claros).
  • Usa técnicas con respaldo empírico para el problema concreto.
  • Mide el progreso y ajusta el plan si es necesario.
    La duración y formato (individual, grupal, presencial, online) varían según la necesidad: muchas intervenciones basadas en evidencia son focales y acotadas en el tiempo.

Mitos y barreras

  • “La terapia es sólo para crisis graves.” Falso: es útil también para mejorar habilidades, prevenir recaídas y resolver dificultades cotidianas.
  • Estigma y coste. El estigma y la accesibilidad siguen siendo barreras; por ello hay iniciativas públicas para integrar la atención psicológica en atención primaria y ofrecer opciones de bajo coste o gratuitas en programas comunitarios.

Conclusión

Cuidar la salud mental es una inversión en calidad de vida. Combinar hábitos saludables (sueño, ejercicio, alimentación, apoyo social, técnicas de regulación) con la ayuda profesional cuando haga falta ofrece la mejor probabilidad de bienestar sostenido. Los sistemas de salud y la investigación apoyan la promoción, la prevención y el acceso a terapias basadas en evidencia: pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una estrategia eficaz y respaldada científicamente.

Referencias Bibliográficas

  • Williams, A. C. de C., Fisher, E., Hearn, L., & Eccleston, C. (2020). Psychological therapies for the management of chronic pain (excluding headache) in adults (Cochrane Database of Systematic Reviews, Issue 8, Art. No. CD007407). Cochrane Database of Systematic Reviews. https://doi.org/10.1002/14651858.CD007407.pub4

Publicado por Joan Francés Tortosa

Psicólogo General Sanitario y Neuropsicólogo

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